
CARTA PASTORAL PARA LA GRAN CUARESMA - 2008
Su EminenciaHis Eminence
El MUY REVERENDO METROPOLITANO
MYKHAYIL
Arzobispo de Nueva York
Metropolitano de Toda América
Iglesia Ortodoxa Ucraniana Autocéfala

Domingo de Despedida de Queso - Marzo 9, 2008
Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo:
Slava Isusu Khrystu! - Glory to Jesus Christ! - Gloria a Jesucristo!
La Gran Cuaresma es conocida por muchos nombres y comprende varios temas. Es un esfuerzo combinado de cuerpo y alma, para alcanzar un renuevo espiritual, la cual es apreciada mas completa y directamente en la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos.
La Cuaresma es un tiempo en el cual nos enfocamos en la Pasión de Cristo, término que ha venido a ser una referencia para el sufrimiento, muerte y sepultura de Cristo. En nuestro tiempo, la Cuaresma así, ha llegado a ser principalmente una jornada anual con Jesús, a Jerusalén, al jardín de olivos llamado Getsemaní, al monte de la Cruz y al sepulcro en la roca, el cual le fue donado por un amigo cercano y acaudalado. Por supuesto, lo que ahora sabemos, y que los primeros discípulos no, es que todo esto sería reinvidicado por la Resurrección.
También, durante la Cuaresma, la iglesia, por medio de sus libros litúrgicos, nos recuerda dejar de lado nuestras propias "pasiones" en el camino a Jerusalén- Repetidamente, los servicios nos dicen que debemos desechar aquellas cosas que nos separan de Dios, mientras mantenemos el pado junto a Cristo, hacia la Ciudad Santa. Si guardanos seriamente el tiempo de la Cuaresma, gradualmente arrojaremos a un lado del camino aquello que nos estorba la paz de nuestra mente, la verdadera solidaridad con los otros y de un alma que está en comunión cercana con Dios.
El ícono seleccionado como tema para el viaje de la Gran Cuaresma de este año es en verdad único en su mensaje. Por medio de las manos del artisa, Nuestro Señor aparece con las marcas de la crucifixión, observándonos a través de los alambres de púas de la ventana de una prisión. Lo que no se nos da a saber es si Jesús está mirando desde el interior o desde el exterior. Sobre la respuesta, debemos refleccionar y orar.
Ciertamente, hay muchas formas en la que nuestros pecados nos aprisionan y separan del camino de Cristo. De forma similar, nuestros pecados y aquello de mundana humanidad, continúa hiriendo a Nuestro Señor y lo pone otra vez en prisión, como estuve en el tiempo de su pasión. El Evangelio del Domingo de Despedida de Carne, (Mt. 25:31-46) nos asegura que Cristo se identifica con los "más pequeños" de la tierra y que el sufrimiento y rechazo que ellos experimentan también son recibidos por el Señor mismo, quien al final, juzgará al mundo de la misma forma.
Podemos utilizar el tiempo de la Gran Cuaresma para reflexionar sobre este tema de emprisionamiento y sufrimiento. Podemos hacerla una oportunidad para cambiar. Podemos alcanzar Jerusalén como personas que han experimentado un despertar espiritual, que han desechado los caminos opresivos de una vista corta, egoísmo, terquedad y orgullo. En oración, por acciones concretas, por muchas postraciones y finalmente, a través del sacramento de la confesión, podemos arrepentirnos de nuestras faltas y pasiones egocéntricas y llegar a ser gente limpia y librada de todo lo que hace que nuestra vida no esté en balance con Dios.
Es mi oración que nuesta jornada a través de la Gran Cuaresma nos libere y guíe hacia una relación más profunda con el Señor, con los demás y con nosotros mismos. Como miembros de la humanidad, debemos tomar la responsabilidad no solo de nuestras fallas, sino también de todas las de la raza humana. En este aspecto, debemos usar nuestra voz y habilidades, para denunciar la injusticia donde sea que la reconozcamos. En el juicio final, no será suficiente "mirar y orar" (Mt. 26:41) para que las cosas se mejoren para los "más pequeños de nuestros hermanos y hermanas," sino lo que "hagamos" o "dejemos de hacer" (cf. Mt. 25:45) será escencial en compilar nuestra "cuentas ante Cristo."
El futuro de este mundo, a gran escala, depende de nosotros y la Cuaresma es un buen tiempo para meditarlo. Hagamos lo que podamos. Si podemos ayudar al medio ambiente siendo más responsable, hagámoslo. Si podemos atraer la atención hacia la pobreza, la persecusión, la humillación y la opresión vivida por nuestras harmanas y hermanos de todo el mundo, manifestemos nuestros pensamientos. Si podemos utilizar nuestras relaciones en la comunidad local, para lograr una sociedad más justa, entonces seamos visble y participemos en aquellas actividades que hará que el reino de Dios sea plantado más firmemente sobre la tierra.
Durante nuestra travesía por la Cuaresma, en la esperanza de reformar nuestras vidas, finalmente debemos lidiar con la idea del perdón. Cuando hablamos de esto a menudo, algunas veces es difícil admitir que debemos ser perdonados. No nos olvidemos de pedir perdón, repetidamente, de Dios y de todos los demás. Debemos reconocer que nuestras fallas pueden causar sufrimiento y aún más, que de manera colectiva, la raza humana ha traído muchas de las cosas que nos gusta encontrar "mal con el mundo." En estos días, solo podemos decir, "Dios, ten misericordia de mí, que soy un pecador" (Luc. 18:13).
Al asegurarles mis oraciones por ustedes durante este tiempo del año, humildemente les pido sus oraciones y contínua cooperación como "colaboradores en los campos de Dios" (1 Cor. 3:9). Si tomamos este tiempo seriamente y durante el transcurso de la Cuaresma, cambiamos y arreglamos lo que nos hace falta, el Señor se complacerá con el buen trabajo que hemos empezado. Nuestro buen esfuerzo será bendecido con las regocijantes nuevas de esperanza, otorgadas por su gloriosa resurrección.
Fielmente en Cristo,
+MYKHAYIL
Arzobispo de Nueva York
Metropolitano de Toda América
"Oh Señor, ya que somos extraños en la tierra, * como lo fueron nuestros antepasados antes de nosotros, * guárdanos sin faltas en lo breve de nuestras vidas. * Oh Salvador, que amas a la humanidad, ten piedad de nisitros." (Troparión de la Profecía de la Sexta Hora, Tono, 1, Primer Martes de la Gran Cuaresma).
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